POR ALBERTO QUEZADA
Lo que está ocurriendo en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD)
merece una lectura más profunda. A primera vista, parece una carrera
prematura por la candidatura presidencial de 2028.
Pero, observada con mayor detenimiento, puede interpretarse como una
estrategia de Danilo Medina para algo todavía más importante: evitar que el
PLD pierda definitivamente su espacio y su reconocimiento en el escenario
electoral dominicano.
Después de las derrotas de 2020 y 2024, el principal desafío de Danilo ya
no parece ser quién será el candidato presidencial. El desafío es mucho más
elemental: mantener vivo al partido.
Y ahí está, precisamente, la jugada.
Poner a correr temprano a los aspirantes no necesariamente significa que
Danilo esté respaldando a uno en particular. Puede significar todo lo
contrario: poner al PLD a caminar, movilizar sus estructuras, activar a su
militancia, recuperar dirigentes y volver a colocar las siglas moradas en el
debate nacional.
Francisco Javier García, Francisco Domínguez Brito, Luis de León
Manfred Mata y posteriormente Gonzalo Castillo entraron al escenario
presidencial. Cada aspirante, con sus recorridos, reuniones y estructuras,
contribuye -con independencia de sus posibilidades individuales- a
mantener al partido políticamente activo.
La incorporación de Gonzalo Castillo adquiere, además, una dimensión
particular. Su regreso a la competencia interna no tiene necesariamente que
interpretarse como una señal de que Danilo lo está patrocinando.
La jugada puede ser mucho más amplia: activar todos los resortes
disponibles para impedir que el PLD vuelva a caer en la inercia. Y entonces
aparece la suspensión de la consulta.
La jornada prevista para octubre fue dejada sin efecto por razones logísticas
relacionadas con los equipos necesarios para realizar la votación
automatizada. Pero políticamente, la suspensión produce otro efecto: evita
una definición prematura que podría provocar enfrentamientos internos
cuando el partido todavía está en proceso de reconstrucción.
Danilo, en esta lectura, no estaría apadrinando a nadie. Estaría haciendo
política de supervivencia. Porque si el PLD no logra recuperar estructura,
presencia territorial, militancia y reconocimiento electoral, poco importará
quién sea su candidato en 2028.
La prioridad sería llegar a ese año con las siglas vivas, organizadas y
capaces de competir. La candidatura puede esperar. La supervivencia del
partido, no.
Esa podría ser la verdadera estrategia de Danilo Medina: no escoger
todavía al hombre que conduzca al PLD, sino garantizar primero que el
PLD llegue con vida al escenario electoral de 2028.
Y, más allá de 2028, que las siglas moradas sigan siendo parte del mapa
político dominicano. Más nada.
El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo.
quezada.alberto218@gamil.com






