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ITO, DAVID Y ROBERTICO: El ascenso de la nueva èlite politica en RD

Por Alberto Quezada/Anàlisis politico 

El ascenso político de Ito Bisonó, David Collado y Robertico Salcedo no debe analizarse únicamente como la suma de tres historias personales de éxito. Detrás de sus trayectorias existe un fenómeno político y sociológico más amplio: la transformación de determinados sectores de la sociedad dominicana en nuevas élites de poder.

En ese sentido, la categoría de pequeña burguesía, utilizada por Juan Bosch para interpretar la estructura social dominicana, ofrece una herramienta particularmente útil para comprender el fenómeno.

Bosch no concebía la pequeña burguesía exclusivamente como una categoría económica. La entendía también como un espacio social caracterizado por la aspiración al ascenso, la movilidad, la búsqueda de reconocimiento y la necesidad de conquistar posiciones de mayor seguridad e influencia. Esa condición ayuda a explicar por qué determinados actores sociales pueden adaptarse con extraordinaria rapidez a los cambios políticos y convertirse en protagonistas de nuevas etapas del poder.

El PRM como espacio de convergencia

El Partido Revolucionario Moderno ha logrado convertirse en un amplio espacio de convergencia de sectores sociales y políticos diversos. Su crecimiento no puede explicarse solamente por la capacidad electoral de sus dirigentes, sino también por su capacidad para incorporar figuras provenientes de trayectorias distintas.

Ahí aparece una de las características centrales de la política dominicana contemporánea: los partidos funcionan no solamente como instrumentos ideológicos, sino también como mecanismos de movilidad social y política.

En determinadas coyunturas, la estructura partidaria se convierte en una especie de escalera. Quien posee reconocimiento social, capacidad de comunicación, relaciones económicas, apellido, exposición pública o capacidad electoral puede convertir esos recursos en poder político.

El PRM, en ese sentido, no constituye una excepción. Como antes ocurrió con otras organizaciones políticas, ha demostrado capacidad para incorporar sectores que buscan participar en el nuevo orden de poder.

Ito Bisonó: la adaptación de un sector conservador

Ito Bisonó representa una trayectoria particularmente interesante porque permite observar la capacidad de adaptación de sectores conservadores y empresariales frente a los cambios en el sistema político.

Su trayectoria demuestra que, en la política dominicana, las fronteras entre determinados espacios partidarios pueden ser más flexibles de lo que aparentan. Las identidades políticas pueden transformarse cuando cambia la correlación de fuerzas.

Desde una lectura boschista, esto puede interpretarse como una expresión de la capacidad de sectores de la pequeña burguesía para reacomodarse frente a las nuevas estructuras de poder.

No necesariamente estamos ante una ruptura absoluta con el pasado. En muchos casos estamos ante una continuidad de intereses, relaciones y aspiraciones que encuentran un nuevo vehículo político.

La pregunta, por tanto, no es solamente por qué un dirigente cambia de espacio político, sino qué condiciones sociales y políticas hacen posible ese cambio sin que desaparezca su capacidad de representación.

David Collado: política, gerencia y clase media

David Collado representa una modalidad diferente de construcción política.

Su principal activo no proviene originalmente de una larga carrera partidaria, sino de una imagen vinculada a la gestión, el emprendimiento, la administración y la eficiencia.

Esto conecta con un segmento importante de la sociedad dominicana: una clase media que aspira a estabilidad, modernidad, resultados y movilidad social.

Aquí aparece una transformación importante de la cultura política.

Durante décadas, la política dominicana estuvo dominada por figuras cuya legitimidad provenía fundamentalmente de la militancia, el liderazgo partidario, la retórica ideológica o la tradición caudillista.

La aparición de figuras como Collado expresa parcialmente otra lógica: el político como gerente.

El ciudadano deja de evaluar únicamente la capacidad de movilización o el discurso ideológico y comienza a valorar atributos asociados al mundo empresarial: eficiencia, administración, resultados, imagen y capacidad ejecutiva.

Esto no significa que la política haya dejado de ser política. Significa que la forma de construir legitimidad está cambiando.

Robertico Salcedo: cuando la popularidad se convierte en poder

Robertico Salcedo representa una tercera variante.

Su caso permite analizar la transformación de la popularidad en capital político.

En las sociedades contemporáneas, la política ya no se desarrolla exclusivamente en los partidos, los mítines y las organizaciones territoriales. También se construye en los medios de comunicación, la televisión, las redes sociales y los espacios de entretenimiento.

La exposición pública puede convertirse en un recurso político.

El apellido también constituye un capital. La pertenencia a una familia reconocida, especialmente cuando existe una trayectoria previa en la política o en los medios, facilita el acceso a determinados espacios de reconocimiento.

Pero el apellido, por sí solo, no garantiza el poder. Necesita convertirse en legitimidad electoral.

Y ahí reside la importancia del fenómeno: la sociedad dominicana está aceptando cada vez más que recursos provenientes del entretenimiento, la comunicación y la popularidad puedan transformarse en recursos políticos.

El verdadero fenómeno: la renovación de las élites

La cuestión fundamental no es determinar cuál de estos tres dirigentes tiene mayores méritos o defectos.

La pregunta políticamente relevante es otra:

¿Qué está ocurriendo en la sociedad dominicana para que perfiles tan diferentes puedan convertirse en figuras importantes dentro de una misma estructura de poder?

La respuesta apunta hacia una renovación de las élites.

No necesariamente estamos ante el reemplazo completo de una élite por otra. Más bien estamos frente a un proceso de recomposición.

Los antiguos actores no desaparecen necesariamente. Se mezclan con nuevos actores provenientes de los negocios, los medios de comunicación, la administración pública, el entretenimiento y las nuevas clases medias.

El poder se vuelve más heterogéneo.

Y precisamente ahí la lectura de Bosch conserva vigencia.

La política como mecanismo de movilidad

Uno de los elementos más poderosos del análisis boschista es comprender la política dominicana como un mecanismo de movilidad social.

El partido puede convertirse en escalera.

El voto puede convertirse en legitimación.

La exposición pública puede convertirse en capital.

El apellido puede convertirse en ventaja inicial.

La gestión pública puede convertirse en plataforma.

Y la cercanía con el poder puede convertirse en mecanismo de reproducción de las nuevas élites.

Esto no implica necesariamente una valoración negativa. La movilidad social también puede ser un componente saludable de una democracia cuando permite que nuevos sectores accedan a posiciones de responsabilidad.

El problema aparece cuando la movilidad política deja de estar acompañada por instituciones sólidas, programas, formación política y mecanismos efectivos de rendición de cuentas.

Entonces la renovación de las élites puede convertirse simplemente en la sustitución de unos grupos de poder por otros.

El elector también forma parte del fenómeno

Existe, además, una dimensión que muchas veces se pierde en este tipo de análisis: el comportamiento del ciudadano.

Los políticos no se encumbran solos.

Existe una sociedad que los observa, los legitima y finalmente decide mediante el voto qué figuras merecen ocupar posiciones de poder.

Por eso, responsabilizar exclusivamente a los políticos sería incompleto.

Si una sociedad premia la popularidad, los políticos buscarán popularidad.

Si premia la imagen gerencial, aparecerán políticos con perfil gerencial.

Si premia el apellido, el apellido se convertirá en un activo electoral.

Si premia la capacidad de comunicación, los partidos buscarán comunicadores.

La oferta política, en buena medida, responde a la demanda social.

De Bosch a la política del siglo XXI

La gran diferencia con la época de Bosch es que la pequeña burguesía dominicana se encuentra hoy dentro de una sociedad mucho más urbanizada, conectada y mediática.

Las redes sociales han reducido las distancias entre el ciudadano y el político.

La televisión y las plataformas digitales permiten construir reconocimiento sin necesidad de una larga militancia partidaria.

El empresario puede convertirse en político.

El comunicador puede convertirse en político.

El artista puede convertirse en político.

El funcionario puede convertirse en candidato.

El apellido puede convertirse en plataforma.

La política contemporánea ha ampliado las puertas de entrada al poder.

Pero esa apertura produce una paradoja: mientras más fácil resulta entrar en política, más importante se vuelve determinar qué tipo de liderazgo estamos incorporando al Estado.

La pregunta incómoda

Por eso, la discusión sobre Ito, David y Robertico no debería limitarse a preguntarnos quién tiene más posibilidades de llegar más lejos.

La pregunta verdaderamente política es:

¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando la popularidad, la imagen, el éxito empresarial, el apellido y la capacidad de adaptación política se convierten en algunos de los principales caminos hacia el poder?

Esa pregunta nos obliga a mirar más allá de las personas.

Porque el problema —o la virtud— no está únicamente en quienes ascienden.

Está también en las instituciones que les abren las puertas, en los partidos que los incorporan, en los medios que los proyectan y, sobre todo, en una ciudadanía que mediante su voto decide quién debe formar parte de las nuevas élites.

Conclusión

La lectura boschista del fenómeno permite llegar a una conclusión esencial: los nuevos liderazgos no aparecen por generación espontánea.

Son el resultado de una sociedad que cambia, de una clase media que se transforma, de unos partidos que se reorganizan y de un electorado que modifica sus criterios para escoger a quienes considera capaces de representarlo.

Ito Bisonó, David Collado y Robertico Salcedo pueden representar trayectorias diferentes, pero los tres permiten observar una misma tendencia: la política dominicana continúa siendo uno de los principales espacios de movilidad, reconocimiento y construcción de poder.

La verdadera discusión, entonces, no debe centrarse únicamente en quiénes están subiendo.

Debe centrarse en qué nueva élite estamos construyendo, qué intereses representa, qué valores la orientan y qué tipo de República Dominicana está produciendo ese proceso de renovación del poder.

Ahí comienza la verdadera lectura política.

Y ahí, también, Juan Bosch sigue siendo una referencia imprescindible para comprender que detrás de cada ascenso individual existe una estructura social que lo hace posible.

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