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Consulados y bancas: control y caja

Consulados y bancas: control y caja
Por Alberto Quezada

El Gobierno movió dos fichas el mismo día y el tablero fiscal cambió.

Primero: todos los ingresos de los consulados pasan directo a la Cuenta Única del Tesoro.
Segundo: se reactivó la regularización de bancas de lotería y apuestas mediante el Decreto 197-26.

Una medida ordena afuera; la otra cobra adentro. Ambas dicen lo mismo: control del dinero.

Lo de los consulados suena a higiene administrativa. El presidente Abinader ordenó que “la totalidad de los ingresos generados por los servicios consulares será transferida a la Cuenta Única del Tesoro”. Se acaba la discrecionalidad de cada cónsul, se impone una escala salarial única y se centraliza el flujo.

La Cancillería lo vende como transparencia y rendición de cuentas. En la práctica, la diáspora deja de financiar directamente su consulado para financiar al Estado. Es correcto, pero no neutro: el dinero que antes pagaba luz y personal local ahora viaja a Santo Domingo y vuelve —si vuelve— como presupuesto. La implementación concluye en enero de 2027.

Mientras tanto, aquí se legaliza el negocio que más crece en la esquina.

Regularizar bancas no es nuevo, pero ahora viene con dientes: la DGII asume el control tributario y se reactivan los permisos. Una banca deportiva paga RD$794,414.50; una de lotería, RD$65,242 anuales más RD$883 mensuales por ventas.

Con unas 15,000 bancas de lotería y 3,000 deportivas, el fisco asegura más de RD$2,300 millones al año en impuestos fijos, sin contar las retenciones a premios, que van de 10% a 25%. En 2022, los juegos de azar ya aportaban RD$1,426 millones, y el sector informal evade miles más.

El retrato es claro: se desmonta el cobro consular que irritaba a la diáspora y se monta una estructura para cobrarle al vicio local. Una mano hace el gesto político; la otra abre la alcancía.

Centralizar los consulados corrige distorsiones históricas, pero también concentra poder. Regularizar bancas pone orden donde había caos, pero si el objetivo es solo recaudar —hasta RD$7,000 millones potenciales— sin enfrentar la ludopatía, el Estado pasa de árbitro a socio.

Gobernar es elegir quién paga la fiesta.

Esta vez pagan los banqueros del número y los jugadores de la esperanza. La diáspora respira. La esquina, no.

El autor es periodista y magíster en Derecho y Relaciones Internacionales. Reside en Santo Domingo.
quezada.alberto218@gmail.com

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