POR ALBERTO QUEZADA/ SANTO DOMINGO.– La mañana se abrió como un himno en Villa Juana: aromas de café, ecos de historia y la certeza de que el tiempo no apaga la llama de un sueño nacido hace seis décadas. Así, en un ambiente de afectos y reconocimientos, el Club Mauricio Báez celebró este miércoles su 62 aniversario, con su ya tradicional desayuno, dedicado en esta ocasión a los empresarios José Miguel y Roberto Bonetti Guerra, por el respaldo brindado a la institución a través del Grupo SID.
La actividad reunió a destacadas personalidades de la vida política, social y cultural del país, entre ellas el embajador de la República Popular China, Chen Luning, asì como ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo; el ministro de Turismo, David Collado; el cónsul dominicano en Nueva York, Jesùs Chu Vásquez; y la ex vicepresidenta Milagros Ortiz Bosch, quienes compartieron la celebración en un ambiente cargado de emotividad y memoria.
Visiblemente emocionado, José Miguel Bonetti Guerra agradeció la distinción en nombre suyo y de su hermano, subrayando los lazos históricos que los unen al club y al barrio.
“Me siento muy feliz de reencontrarme con viejos amigos y vecinos, y muy honrado de que nos reconozcan en esta obra tan significativa, que simboliza el deseo de que nuestro país siga prosperando”, expresó.
La dedicatoria a los hermanos Bonetti se inscribe dentro del programa de actividades conmemorativas de una institución que, desde su fundación el 11 de septiembre de 1963, ha trascendido como símbolo de superación, disciplina y compromiso social.
Más allá de sus diez coronas en el baloncesto del Distrito Nacional, el Mauricio Báez ha sabido consolidarse como una escuela de vida. Sus programas educativos y comunitarios incluyen escuelas deportivas, un liceo de Tanda Extendida con más de dos décadas de trayectoria y una escuela primaria que este año celebra 56 años de servicio ininterrumpido.
Y así, entre recuerdos, reconocimientos y promesas de futuro, el Club Mauricio Báez no solo celebró un aniversario: reafirmó su condición de faro en medio de Villa Juana, de puente entre generaciones y guardián de esperanzas. Porque en cada joven que estudia, en cada niño que lanza un balón y en cada vecino que lo siente suyo, sigue latiendo la poesía de un club que aprendió a transformar la vida en comunidad.


